Ojo con el proceso disciplinario

martín pérez monteverde, nuevo presidente de la confiep.

Fin a las rupturas

Publicado: 2015-02-12


Tras la salida de Ricardo Briceño de la presidencia de la Confiep, los tres años que Alfonso García Miró lideró la institución han sido de los más controversiales de la historia reciente. Es cierto, no han sido tiempos fáciles para un gremio acostumbrado a que su palabra sea ley, pero digamos que no estuvo a la altura de las circunstancias. Habría que reconocerle la iniciativa de una reforma para fortalecer a una organización a la que la palabra institución le queda grande.

Este es el principal reto que Martín Pérez, su flamante presidente, tiene que abordar. Cualquier objetivo que pretenda alcanzar, pasa porque la Confiep se convierta en una institución respetada, con la que se pueda discrepar, pero que comprende la necesidad de evolucionar y termina de aprender a comportarse en democracia.

Los tiempos han cambiado, en el Perú y en el mundo, mientras que la Confiep parece estancada en el tiempo. Quieren pertenecer al primer mundo (OECD), pero intentaron oponerse a la responsabilidad empresarial en casos de corrupción. Quieren liberalismo y se dicen demócratas, pero desean mano dura y firmeza ahí donde se necesita diálogo. Quieren estabilidad para las inversiones, y lo que han logrado es alimentar la incertidumbre.

Incluso el entendimiento de la palabra organización podría quedarle grande. Contra lo que está en el imaginario, el “gremio de gremios” es más bien una organización pequeña, sin recursos, que no goza de la confianza ni de los gremios sectoriales que están dentro ni de los que decidieron irse. Su capacidad de influir en las políticas públicas se debe más a la fragilidad del sistema político que a una verdadera fortaleza gremial. La reforma de García Miró buscaba corregir parte de estos problemas, y ahora tendría que asumirla Martín Perez.

¿Cómo impulsar un cambio de los esquemas mentales aún vigentes? Tal vez una historia oriental ayude a reflexionar, a todos. Cuando en el 2005 viajé a China, uno de los hechos que llamó mi atención fue la imagen de Mao Tse Tung en la plaza Tiananmen. En medio de la revolución capitalista, estaba ahí, como a modo de reconocimiento. ¿Se imaginan una foto de Juan Velasco Alvarado en la Plaza de Armas en medio de las reformas económicas de los 90? Esa noche cené con una amiga peruana (de descendencia china) que estaba haciendo una pasantía. Estaba acompañada de sus amigos de la universidad. Les planteé la inquietud. Hasta el momento pensaba que se trataba de esa “doble vida” que caracteriza a China, con una economía cada vez más abierta pero con un Estado autoritario. De hecho hay una explicación política y un uso oportunista de la élite, pero existe otra dimensión que es la que permite legitimizar los virajes. Me dijeron que en occidente concebíamos el tiempo (la vida) como procesos de ruptura, mientras que para ellos es cíclico y continuo. Tal vez en occidente podamos racionalizarlo así, pero no forma parte de nuestra cultura. Tal vez podamos llegar a entenderlo, pero nuestra mirada cortoplacista resulta ser siempre una trampa. Esta concepción no implica dejar de ser críticos, pero sí no quedarse atrapado en el pasado.

La construcción de un futuro diferente para los empresarios y para el país pasa por no creerse dueños de la verdad.

Detrás de esta reflexión se esconde el principal fantasma que persigue al pensamiento y la acción de la “clase” empresarial y de la “derecha” peruanas. Incluso de la “izquierda”. Necesitamos odiar a Velasco para defender las reformas de Fujimori. Necesitamos odiar al “chino” para imaginarnos un futuro diferente. La comprensión de los procesos es un ejercicio que sólo compete a los intelectuales.

Está claro, hay variables con las que no se puede transar, como la corrupción o la violación de derechos humanos, aunque haya que comprenderlas como procesos para que no se repitan. En lo estrictamente económico, que ha sido el espacio de acción de la Confiep, la construcción de un futuro diferente para los empresarios y para el país, pasa por un auténtico ejercicio de tolerancia, de comprensión de las dinámicas locales y globales. Pasa por no creerse dueños de la verdad. Por comprender los nuevos tiempos, mirar con auténtica apertura lo que sucede en el mundo y aportar desde una visión de país. Pasa por una dosis de humildad.

(Columna publicada el 12 de febrero en el diario La República).


Escrito por

David Rivera

Director editorial de la revista Poder.


Publicado en

David Rivera

Otro sitio más de Lamula.pe